Friday, July 27, 2007

Los dos epicentros de un terremoto

Tras el temblor de 6.2 grados Richter en la Región de Aysén.

Los dos epicentros de un terremoto

Entre Puerto Montt y Punta Arenas hay una zona inexplorada y en muchas ocasiones olvidada del mapa nacional; poblada por pocos miles de chilenos que están más emparentados a la Argentina que al mismo Chile.
Se trata de Aysén, un sector geográficamente accidentado y que durante el 2007 ha sido noticia. La razón: un inusitado enjambre sísmico de características insólitas, que ha acarreado disputas entre el oficialismo y la oposición, y que fue la comidilla de la ‘prensa nacional’.



Por Claudia Cáceres Saavedra y Fernando Olmos Galleguillos


Sonó el teléfono. Era la radio Cooperativa. Sonó nuevamente y era Las Últimas Noticias. Siguió sonando. Llamé a mi jefe, quien me dijo: “Haz de vocero. Eres joven, te ves serio, serás un aporte, no olvides de mencionar que obtuviste tu doctorado en París”.

Los cité y les dije: “Marcó 6,8 en la escala de Richter. Aún no se informa sobre víctimas. Pero sin dudas las habrá. La Onemi y la intendencia de la región ya entregarán esa información. Pero sí les puedo decir esto: da lo mismo cuánto marcó el sismógrafo. Esa región es pobre, las casas son de adobe. Creo que, para un caso como éste, lo que corresponde es utilizar la escala de Mercalli, que mide percepciones. Y tomando en cuenta las informaciones recibidas, estamos hablando de un grado 9. Punitaqui, señores, ya no existe; yace sobre un suelo que aún sigue moviéndose.

A la mañana, todos los diarios que leí sostenían que el pueblito ya no existía.

Con esta ironía, el escritor Alberto Fuguet relata en su libro “Las películas de mi vida”, la forma como muchos medios informaron sobre un terremoto en la Región de Coquimbo. Hace cuestión de un mes y medio, otra región, dos mil kilómetros más al sur, se vio afectada por un sismo con características de terremoto. Se trata de Aysén, la zona más deshabitada de Chile, pero que por 1 minuto y medio de suelo gelatinoso, recibió la atención que no concitaba desde la erupción del volcán Hudson en el año 1991.

En esta oportunidad, así como en Punitaqui, el terremoto fue el trampolín para otros “grandes temas”. No importó el dolor, los muertos, desaparecidos y consecuencias materiales del fenómeno. Para qué hablar de las causas; poco claras debido a la inexistencia de placas tectónicas activas como en el resto del país. El plan fue evidente, dejar a la vista el número de muertos y una que otra rencilla entre políticos, pero ¿qué pasó realmente? ¿Dónde están los que deben tranquilizar y anunciar la información útil y oportuna? En sus lugares, trabajando. Pero jamás apuntados en las agendas de los reporteros “en terreno”. Aysén vendió periódicos y atrajo la atención de los televidentes por un tiempo, pero se quedó en la anécdota de las peleas de barrio y en la espectacularidad de un maremoto.

Los comienzos

El verano pasado fue clave para Aysén. El 23 de enero de 2007, comenzó una crisis sísmica de inusitadas características en cuanto al número de movimientos, y a la localización. Esta situación provocó inquietud y pánico en las poblaciones afectadas por movimientos de mayor intensidad, como Lago Caro, Puerto Aysén y Coyhaique.

La Oficina Nacional de Emergencias (Onemi) reconoció la urgencia de instalar más equipos de monitoreo, pues con los existentes la información recabada podría ser limitada. Tras la hipótesis de un inicio de actividad de los volcanes Macá y Hudson, se concluyó que el fenómeno sísmico tenía un origen magmático; que sería un cuerpo de lava incandescente en el fondo del fiordo de Aysén, controlado y moderado en su posible ascensión a la superficie por el sistema de la falla Liquiñe-Ofqui, que cruza buena parte de la región, con sentido nornordeste, conformando la base de la Cordillera de Los Andes.

Tras los dos primeros días de temblores, se detectó la zona epicentral, distante a sólo 20 kilómetros al noroeste de Puerto Chacabuco, una de las ciudades más pobres de la región. No obstante, como los vaticinios de la Oficina Nacional de Emergencia, del Servicio Nacional de Geología y Minería, del Servicio Sismológico de la Universidad de Chile y el Servicio Hidrográfico de la Armada, daban por tesis la irrupción de un volcán submarino, se inició una serie de pruebas en la zona. La más detallada fue medir la temperatura de las aguas en diferentes puntos del Fiordo de Aysén –y especialmente en las zonas circundantes al área epicentral- para ver qué posibilidades existían de que el trabajo magmático en el lecho del fiordo hubiese comenzado. Asimismo, se midió las temperaturas de las aguas en el sector de Termas de Chinconal, distante algunos kilómetros del lugar crítico, pero los resultados no evidenciaron variación.

Quince días después del inicio del fenómeno, la prensa dejaba de poner a Aysén en sus titulares. Pero el suelo de la zona continuaba blandengue y movedizo. El día sábado 10 de febrero fue clave para las acciones concretas en pos de prevenir desgracias mayores. Ese día, la sismicidad se incrementó a 74 eventos en las doce primeras horas, con un promedio de 6 sismos por hora, según un conteo de eventos realizado por las estaciones sismográficas. Lo curioso, y como si fuera una burla de la naturaleza, a partir de ese peak, comenzó a decaer la cifra de temblores, hasta que el 14 de Febrero tuvo un notable repunte: 178 sismos en las 12 primeras horas del día.

El geólogo del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin), José Antonio Naranjo, explica que un fenómeno submarino como el que comenzó en la Región de Aysén, es una completa sorpresa para el estudio de la sismología, pues ni siquiera en el resto del mundo hay demasiados casos como este.

“Hay ciertos fenómenos comparables en Japón, Islandia, Indonesia y las Islas Salomón, pero en el caso de Chile, la zona de conflicto está situada en el centro de un fiordo, por lo que es muy distinta a los casos anteriores, que ocurrieron a mar abierto”, afirma.

La labor en terreno

El puente que permite la conexión de la ciudad de Puerto Aysén con los caminos regionales, no sufrió daños mayores con el terremoto. Fuente: La Tercera Aysén es una zona única en Chile. Posee buena parte de las reservas forestales del país, recursos hídricos y de potencial turístico, al mismo tiempo que cuenta con excelentes condiciones para el cultivo de salmón, jaibas y centollas, recursos que necesariamente deben ser cultivados en agua marina de temperaturas frías. Al igual como en otros países productores, como Noruega, las faenas se desarrollan entre fiordos y canales que protegen del viento y la ventisca blanca en invierno. Por todo lo anterior, y por sus 90 mil habitantes repartidos en pequeñas ciudades y poblados al lado oriente de la Cordillera, el gobierno decretó varios planes de contingencia para prevenir cualquier catástrofe. El organismo encargado fue la Onemi, que desde la tercera semana del mes de enero conformó el CCT, o Comité Científico-Técnico, grupo interdisciplinario que junto con efectuar un monitoreo permanente del fenómeno, estuvo en las ciudades de la zona entregando información a las autoridades zonales y a la comunidad.

El CCT estuvo conformado por representantes del Servicio Sismológico, del Departamento de Geofísica y del área de Oceanografía, todos pertenecientes a la Universidad de Chile, además del Servicio Hidrográfico y oceanográfico de la Armada; del Servicio Nacional de Geología y minería; Colegio de Geólogos; Comisión de Medio Ambiente del Senado y el Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Concepción, todos bajo la coordinación de la Onemi.

Lamentablemente, su tarea jamás se hizo pública más allá de las labores de monitoreo con sismógrafos. La prensa nacional fotografió, filmó y escribió bastante de aquello, pero dejó de lado a los más de treinta y cinco comunicados de prensa enviados por la ONEMI para informar sobre actividades en ayuda y salvaguardo de la población y de los recursos que podrían verse afectados por un sismo mayor o un terremoto.

Por ejemplo, sólo tres días después del inicio de los sismos en el Fiordo de Aysén, el CCT se reunió con empleados y representantes de juntas de vecinos de la ciudad de Puerto Chacabuco, informando sobre lo que ocurría y cuáles serían las actividades preventivas que se coordinarían en la zona.

Asimismo, ya el 2 de Febrero, la ONEMI se reunió con representantes de empresas pesqueras y salmoneras, para analizar los planes de contingencia en caso de eventos mayores, al mismo tiempo que se inicia un catastro de la población vulnerable –por habitación y lugar de trabajo- en las cercanías del punto epicentral. Tras el gran evento del 21 de abril, las reuniones fueron “olvidadas” por los empresarios, los que no dudaron en condenar la inexistencia de planes de ayuda para advertir sobre el paso de olas gigantescas por los lugares de trabajo de obreros y el derrumbe de tierras desde las laderas del fiordo.

Sobre todo para quienes no viven en la zona, es completamente desconocido cómo fluye la información en el lugar. Por ser un sector con problemas de tránsito, debido a la accidentada zona archipielágica, buena parte de la comunicación se realiza mediante la radio. Por ello, el CCT comenzó el 3 de febrero una campaña masiva de información a través de radioemisoras locales, sobre los riesgos de sismos importantes y medidas sencillas de autoprotección.

En las ciudades mayores, como Coyhaique y Puerto Aysén, se complementó con otros medios de comunicación masiva. Mientras se ponía en marcha esta campaña, hubo un plan de contingencia para abarcar a la mayor cantidad de población posible.

La directora de la ONEMI, la periodista Carmen Fernández, señala que instruyó “personalmente a varias comunidades, como en Puerto Aysén, Puerto Chacabuco y localidades menores. Pero ante los ojos del país, quedamos como que estábamos de brazos cruzados en Santiago esperando que la tierra se abriera y destruyera la zona sur del país”, expresa.

Tanto la gobernadora de la Provincia de Aysén, Ximena Órdenes, como la Intendenta de la Región de Aysén, Viviana Betancourt, participaron de diversas reuniones con la comunidad –organizadas en los populares salones de teatro de cada pueblo- para dar a conocer los planes especiales dispuestos en las áreas de Salud, Educación, Obras Públicas, Transporte y Telecomunicaciones, además de otras con los medios de comunicación locales y periodistas institucionales de municipalidades, intendencia y gobernaciones, a fin de capacitarlos en la entrega de la información referida a prevención de riesgos y similares.

Además, se implementó uno de los más controvertidos planes, recibiendo críticas de los partidos de oposición, por ser considerado “populista”: a partir del 4 de abril, hubo jornadas de orientación psicológica a la comunidad de Puerto Chacabuco, con el fin de propiciar la contención emocional.

“En mi colegio nos tranquilizaron con clases hechas por un psicólogo y además ensayamos muchas veces para evacuar de la mejor forma el edificio. Con eso, nos sentíamos seguros. De todas formas, afortunadamente el temblor fue en un momento en que la gente suele estar en sus casas reunidas almorzando”, dice Cayetano García-Huidobro, estudiante secundario de Coyhaique.

Pero los planes no fueron sólo preventivos, sino también de carácter científico, para así analizar y monitorear el fenómeno. Desde que comenzó el enjambre sísmico, hasta el día del gran evento, se instalaron una serie de detectores de movimiento, algunos menores y otros especializados o de avanzada. Estos últimos llegaron a nueve, disponiéndose en: Puerto Aysén, Río Álvarez, Puerto Chacabuco, Punta Tortuga, Punta Cola, Punta Josefa, Playa Blanca, Coyhaique e Isla La Mentirosa.

El “epicentro”

Sin embargo y a pesar de todos los avances de la ciencia, todavía no se ha podido predecir un terremoto, por tanto, lo inevitable se produjo. El 21 de abril fue un día imborrable para la población aysenina. A las 13:53 horas, un temblor de magnitud 6,2 en la escala sismográfica de Richter hizo rugir la tierra, para provocar en los minutos sucesivos una gigantesca ola que devoró a tres personas e hizo desaparecer a otras siete.

La prensa, las autoridades y los políticos se dieron a la tarea de buscar responsabilidades y cortar cabezas, en lugar de preocuparse por ayudar a los afectados y velar por las posteriores medidas de reconstrucción.

A pesar de todo lo relatado en cuanto a medidas de prevención y planes de emergencia coordinados por la Onemi ante un posible sismo de consideración, los titulares de los diarios y los noticiarios no cesaron en señalar que este organismo era el responsable de la tragedia, osando incluso a decir que nunca se hizo nada.

Luego vendría la pelea política, el 24 de abril el senador por la región afectada, Antonio Horvath (RN), pediría la destitución de la directora de la Onemi, Carmen Fernández, por su “negligencia” y por no “tomar en cuenta” los informes que según el parlamentario vaticinaban la tragedia.

Ante ello, el ex director por 12 años de la Onemi, Alberto Maturana -actual asesor del Ministerio de Salud en el área de desastre- señala que Fernández “es una persona bien preparada. Desconozco los fundamentos del senador Horvath para esto. Diría que es propio de estos escenarios muy dramáticos con la idea de que corten cabezas. Con eso no se resuelven los problemas”, expresa.

Maturana insiste en postular que la naturaleza en materia de sismos es impredecible y que no hay tecnología en el mundo que permita decir cuándo se va a producir un terremoto; y que el hecho que se haya producido una sismicidad intensa en una región no augura un terremoto, porque no hay estudios suficientes para saber si son el anticipo de uno o no.

Sin embargo, el real “epicentro” estuvo en las declaraciones del alcalde de Puerto Aysén, Óscar Catalán, quien expresó su enojo contra el Gobierno y sobre todo contra la Presidenta Bachelet por la “indiferencia” que, a su juicio, mostró ante los innumerables temblores que precedieron por tres meses al sismo del 21 de abril, mandándola incluso, “a la punta del cerro”.

A fin de respaldar sus críticas, el alcalde UDI hizo un llamado a los ayseninos a través de una radio local, "a echar" a la Presidenta durante su visita a la zona afectada, la que recibiría los abucheos de cerca de 50 pobladores en el aeródromo de Puerto Aysén.

A pesar de los comentarios del alcalde, la Presidenta recorrió hospitales, conversó con la comunidad y dispuso asistencia inmediata en las áreas críticas, especialmente a los damnificados.

Durante esa tarde, dijo que “Lo importante es tener vía terrestre, vía fluvial, vía aérea funcionando, para distintas y nuevas eventualidades que pueden producirse. (...) Es necesario continuar trabajando, no bajar la guardia, y mantenerse preparados porque no se puede predecir en qué momento puede volver a haber actividad sísmica de cierta importancia. Y nosotros estamos acá porque hay que estar donde la gente necesita que estén las autoridades”.

La ira del jefe edilicio contra Bachelet fue nuevamente lo que marcó la agenda temática, acompañada por las declaraciones de los adherentes opositores, como el propio timonel de la UDI, Hernán Larraín y los defensores, como el vocero de Gobierno, Ricardo Lagos Weber, repudiando la “falta de respeto” de Catalán hacia la máxima autoridad nacional.

El mismo Catalán que en su momento llamaba a la calma y bajaba el perfil al enjambre sísmico, luego de la tragedia se quejaba de estar desinformado y de la clara “ineficiencia” de la Onemi y de las autoridades regionales.

Ante ello, Alberto Maturana, expresa que un alcalde no puede decirse desinformado si ha integrado el comité de crisis.

“Lo que yo sé es que se reunieron las personas, se constituyó el comité de emergencia local a partir de la sismicidad que venía ocurriendo. Éste reúne a todos los actores sociales, por lo tanto se entiende que están todos informados, incluyendo la municipalidad, su alcalde y ojalá su comunidad”, argumenta.


El arrepentimiento

Una vez que la calma natural se volvió a la zona y los periodistas tomaron el avión rumbo a sus ciudades, los titulares dejaron de poner su acento en desastres naturales y búsqueda de responsabilidades. Hoy muy pocos saben en qué quedaron las actividades de restauración o si existen nuevos planes de emergencia.

“Quiero frente a la prensa y frente al país hacer entrega de este ramo de flores que viene a representar mis públicas disculpas por la dureza que he tenido para con usted y por cierto con la esperanza de que estas flores nos iluminen a todos para encontrar mejores soluciones para nuestro pueblo”.

Con estas palabras el mismo Catalán expresó su arrepentimiento hacia la Presidenta 56 días después del terremoto. Bachelet cumplió con su promesa de verificar en persona las actividades de planificación y reconstrucción en la zona del desastre.

Esta vez no hubo manifestaciones de rechazo, ni tampoco titulares controvertidos, todo lo contrario, algunos grupos incluso llegaron a señalar su apoyo con banderas de Chile y las banderas color naranja que caracterizaron su campaña.

“Nos sentimos como protagonistas de un show para Santiago. Acá la tragedia no es tan grande, a excepción del corte de energía eléctrica durante algunas horas y las trizaduras en el pavimento. Uno prende la TV y escucha que Aysén está en el suelo y prácticamente todos tienen fallecidos, pero nos quedamos mirando entre todos y nos da risa, porque sólo fue un susto de 1 minuto y nada más”, cuenta Pablo Laval O’Kuinghttons, de 60 años y dueño de una botica en Puerto Aysén.

Comentario parecido tiene la estudiante universitaria, Angie Bopp, quien estudia en Santiago pero aquel fin de semana viajó a ver a su familia a Coyhaique. “El terremoto fue el primer temblor que sentía estando en mi casa, porque allá casi nunca tiembla. Si bien fue fuerte y se quebraron algunas cosas, no fue tan trágico. Quienes alegaron por “ayuda del gobierno”, sólo buscaban recursos para afanes políticos o mejorar las ciudades con recursos fresquitos”.

De cualquier forma como sea comprendida –por la población local- la disputa ocurrida entre gobernantes, especialistas y la coalición opositora durante los días posteriores al gran sismo, la ayuda debe ser canalizada de la mejor manera. Los planes de contingencia deben continuar. El estudio del flujo magmático debe proseguir y el estado de alerta ha de ser un continuo, a pesar de lo difícil de omitir este punto debido a la incesante sismicidad en el lugar, que cuando se escapa de los comunes II o III grados de intensidad, vuelven a llevar a Aysén a la portada. O al noticiario. No es necesario otro terremoto o una ola gigante para prestar atención a una zona que espera reproducir su voz con respeto y verdad al resto del país.

3 comments:

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